Ariño: Necrópolis



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En las proximidades de Ariño, cerca del río Martín y frente al santuario de la Virgen de los Arcos, se encuentra una necrópolis de 9 tumbas excavadas en roca arenisca.

Las dimensiones de las tumbas son las siguientes:

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- las tres primeras tumbas forman un grupo en un extremo del recinto, orientado hacia el río y/o al santuario de la Virgen de los Arcos (lugar de culto desde la Antigüedad)
- las otras seis forman otro grupo, orientado hacia el nacimiento del sol en el solsticio de invierno

Lo primero que salta a la vista es que la gran mayoría de las tumbas es para niños en diversas edades; tan sólo 2 casos tienen dimensiones de adulto.

En cuanto a la orientación, presentamos el siguiente cuadro:

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- las tres primeras tumbas no tienen orientación astronómica definida; parecen dirigirse hacia el río y/o al santuario de enfrente
- el resto se alinea claramente con la salida del sol en el solsticio de invierno, que corresponde a los 120º en la latitud de Ariño

Lo que se aprecia más claramente si ponemos los datos en un gráfico:




Dudas de que estemos en una necrópolis visigótica

Se han datado muchas de estas necrópolis como necrópolis visigóticas, pues en algunos casos han aparecido restos que se han podido datar en esa época. En otros casos se las data en la Alta Edad Media.

Nuestro análisis de estos lugares difiere de esas tesis. Algunas veces habría habido una reutilización visigoda o medieval (agrandándolas a lo largo y a lo hondo, para permitir un enterramiento en condiciones), pero las "necrópolis" están muy lejos de seguir unas pautas cristianas, pues se aprecia claramente que siguen unas pautas paganas. Ello nos llevaría a los pueblos prerromanos que habitaban nuestro país en el primer y/o segundo milenios antes de nuestra era.

Hemos recorrido varias "necrópolis" en la provincia de Teruel y en la provincia de Soria. En todos los casos, nuestras dudas se basan en buenas razones:

- las "tumbas" no tienen una profundidad suficiente (unos 20 cm de media) para permitir un enterramiento normal: un cubrimiento suficiente del cadáver (con arena, piedras o una losa) que impida el acceso de animales (lobos, perros ...)

-  muchas tumbas están tan juntas que, si se cubrieran con algún material, perderían su individualidad

- las tumbas de Ariño, como hemos visto, siguen un criterio de orientación solar: lo que se ritualiza no es un enterramiento cristiano (relación de la comunidad con el fallecido y con la divinidad ...), sino que lo que se ritualiza es la relación del fallecido con el sol en el solsticio de invierno.

Por consiguiente, nuestra conclusión es que estamos en lugares de "exposición" del cadáver ante el sol naciente, y no de enterramiento.




La asociación de estas tumbas y los buitres

También hemos podido observar que estas "necrópolis" están ubicadas en zonas donde abundan los buitres: además de la "necrópolis" de Ariño, las de Albalate del Arzobispo, Estercuel y las Cuevas de Cañart (las cuatro en la provincia de Teruel), así como varias "necrópolis" que hemos podido visitar en la provincia de Soria, siguen esta pauta.

Sin embargo, en las zonas donde hay arenisca (la roca en que se realizan este tipo de tumbas) pero no hay buitres, no hay tampoco "necrópolis" de tumbas excavadas en roca, como es el caso de La Fresneda, también en la provincia de Teruel.

No es descabellado pensar que la costumbre de las gentes de Albalate del Arzobispo (que ha llegado hasta tiempos muy recientes) de abandonar en las Lastras (donde se ubican la mayoría de las tumbas antropomorfas de la localidad) a los animales de labranza muertos para que se los coman los buitres, tiene su origen en el ritual de exposición de cadáveres de los pueblos prerromanos.







Algunos ejemplos de exposición de cadáveres en la Antigüedad

Los guerreros celtibéricos muertos en combate no eran enterrados, sino que sus cuerpos quedaban expuestos para que los devorasen los buitres y, de esta forma, los condujesen al cielo. Este hecho queda ilustrado en las pinturas de cerámicas de Numancia. Silo Itálico dice que los celtíberos "dan sepultura en el fuego a los que padecen enfermedad ..., mas a los que pierden la vida en la guerra ... los arrojan a los buitres, que estiman como animales sagrados".

En la vertiente atlántica se practicaba la exposición de cadáveres al aire libre al comienzo del primer milenio a.n.e., antes de la llegada de las influencias de los colonizadores fenicios y griegos.

Los mongoles dejaban los cadáveres (sobretodo niños), envueltos en sacos de cuero en las orillas de los caminos; así el espíritu del muerto se reencarnaría en el seno de las mujeres que pasaran por el lugar. Los bactrianos exponían los cuerpos en lugares apartados, donde eran devorados por unos perros especializados en la tarea. Los parshis de la India y los asirios dejaban los cadáveres en las "torres del silencio", construcciones cilíndricas con plataformas concéntricas llenas de cavidades destinadas a recibir a los cuerpos: los buitres se encargaban de despedazarlos y descarnarlos y los huesos limpios eran recogidos por la familia. Los esquimales abandonaban a los viejos entre los hielos, donde eran devorados por los osos; luego cazaban al oso y se lo comían: el espíritu volvía al hogar. Los indios guaimíes (Panamá) y en general las tribus del occidente del Panamá y otras muchas tribus americanas dejaban a los muertos o a los enfermos con algún alimentos en plataformas construídas en los árboles; al cabo de unas semanas, se suponía que los huesos estaban limpios y los guardaban en una olla que era enterrada en medio de una fiesta en honor del difunto.

En España, varias necrópolis de tumbas excavadas en roca se han datado en la Edad del Bronce:

* en el yacimiento de Peñalosa (Baños de la Encina, Jaén) se practicaban inhumaciones en huecos de la roca revestidos y también nos ha quedado un pithos con enterramiento infantil. En enterramiento se realizaba en bancos/cistas realizadas a través de una excavación primaria sobre la roca, después revestida de lajas de pizarra que quedan incluídas en un banco sobre el que se situarían incluso recipientes.

* la necrópolis de los Algarbes (Tarifa, Cádiz) contiene dos sepulturas antropomorfas, totalmente diferente del resto.

* el Bajo Almanzora (Almería) pertenece a al cultura argárica. Presenta enterramientos en urnas, cistas o excavados en roca.


Algunos ejemplos de sacrificios humanos en la Antigüedad
Estrabón (época de Augusto) dice que las tribus del N. de Hispania tienen un dios, equiparable al Ares griego, al que sacrifican caballos, prisioneros y machos cabríos. Esta costumbre era habitual entre los celtas de la Galia. Los bletonenses (Salamanca) firmaban sus pactos sacrificando a un hombre y un caballo. Los lusitanos practicaban la adivinación en base a los sacrificios humanos. Se sabe que las sacerdotisas celtibéricas sacrificaban a varones para solicitar a la divinidad la victoria en la batalla y que en algunos lugares se realizaban sacrificios a la muerte de un personaje importante, sea hombre o mujer.

Asegura Estrabón que los celtíberos practicaban los sacrificios humanos. Cerca de la ciudad celta de Arcobriga, en Monreal de Ariza (Zaragoza) está la "pila de los sacrificios humanos", roca en la que se ha vaciado su parte superior para que la víctima se coloque en posición supina. Los canalículos desembocan en unos depósitos junto al lugar donde reposaría la cabeza y en la parte inferior de la "pila" y servían para verter la sangre y las vísceras de la víctima, que irían a parar a los depósitos de la pila.

Si estamos en Ariño ante esta práctica, deberíamos hablar de sacrificios infantiles en el solsticio de invierno. A partir de esta fecha, los días se alargan (el mundo renace) hasta llegar al summum en el solsticio de verano el 22 de junio; antes de esta fecha y desde el solsticio de verano, los días se iban acortando (el mundo iba muriendo). Los sacrificios infantiles (sacrificio de una nueva vida) tendrían por objeto, pues, propiciar el alargamiento del día (renacimiento de un nuevo mundo) para, en definitiva, garantizar la pervivencia del ciclo agrario, con buenas cosechas y buenos pastos para el ganado.